___________________________________________________________ Canal CONCIERTOS Irene Fernández

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domingo, 6 de abril de 2008

El cielo y nada más (CHAFA)

Busco al fondo de la calle
un cerro
pero encuentro el cielo
y nada más.


(Falú y Dávalos; La nostalgiosa)



Esta mañana remoloneando un poco y otro poco preparando un estofado de esos que a veces tienen sabor a gloria y siempre alma de labrador, es decir de esos “que agarran” (lo estoy haciendo en el crock pot; cebollas, ajos, apio, un poco de sanagorias, unos porotos blancos, arvejas, carne de vaca en abundancia, una lata de tomates, un buen chorro de vino tinto, una hoja de laurel, pimienta, sal, en fin… the works) me demoré en salir pa'l laburo. La cosa es que cuando entré a la autopista ya estaba clareando el alba, y con el claror del alba y el espacio abierto de la carretera me di cuenta de que en el horizonte sólo se veían las ramas sin hojas de los árboles y, encima de las ramas, un cielo “que tenía el color rosado de la encía de los leopardos” (Borges dixit en Las ruinas circulares). Y después nada más o, más bien, el infinito; ni Cuesta ‘e Sama ni Loma de San Juan ni Cerro de San Bernardo y, de pronto, me dieron ganas de sujetarme en el asiento del coche pues sentí que, si no me cuidaba, me iba a caer al cielo, al vacío, al éter y, al final, a la nada.

Ahora, esto de no tener cerros no es una cosa nueva pa’ quien, como yo, vive en el Midwest de Lesetasuní por 35 años y durante 30 de esos 35 en Iowa* pero, en general y ya sea en Iowa o en Illinois, uno sabe que no es cosa de andar todos los días con la boca abierta y mirando el horizonte pues, entre otras diligencias y menesteres, uno tiene que trabajar pa' ganarse los fideos o el estofado de marras. Por otra parte, la ciudad y el Sheraton, los multiplexes y el Edificio del Hoden Comprehensive Oncology Center de los U of I Hospitals y los estacionamientos verticales, otras estructuras y afanes, no le dan a uno la oportunidad de percatarse de que uno, por acá, aunque vive rodeado de hormigón armado, asfalto y vidrio, también y ahí nomá cerca de “Pompeya y mas allá la inundación”, vive sin cerros centinelas o protectores. En todo caso, me dio no sé qué esta mañana, de pronto, darme cuenta de que estaba cósmicamente en pelotas y al borde irremediable de un horizonte de nunca acabar.

Hablando de decires de Borges, Georgie, en una de sus conferencias por acá en la Universidad, allá por el año 84 u 85, dijo que el paisaje de Iowa le recordaba mucho al de la Argentina. No sé dónde andaría Borges por Iowa ni dónde fue que sus pupilas reflejaron el paisaje argentino, pero yo --que conozco los dos de memoria y corazón-- no estoy de acuerdo para nada. A lo mejor Borges lo dijo de chupamedias nomá, o a lo mejor se confundió con el paisaje del estado de Kansas, que por sus trigales, a veces y por tramos, y si uno le pone voluntad y añade los ombuses omnipresentes y los chajases eventuales del Sur (ombúes y chajáes pa' los exquisitos), se parece un poco a la provincia de Buenos Aires y sus alrededores.

Bueh... eso es todo por el momento. Condiós y hasta más ver, aparceros. Y a aquellos que viven en las faldas de los cerros, ancestrales o no, les aconsejo aprecien la danza de las nubes, la recóndita intimada de los helechos y la oculta frescura de las vertientes, pues como decía don Ata (ya que empecé con un epígrafe de zambita vale la pena que la acabe con el colofón de otrita):



"Tú que puedes vuélveteme me dijo el río llorando, los cerros que tanto quieres, me dijo, allá te están esperando”.

(Chafallo, 1 de diciembre de 2005).

lunes, 10 de marzo de 2008

Uagadugú (CHAFA)


Al mismo tiempo que quiero comprobar si mi e-mail o la Taberna o lo que sea funciona hoy, aprovecho la ocasión para expresar públicamente, y una vez más, mi frustración con el Manual de estilo de la lengua española de José Martínez de Souza. Es el libro mós entreverado –el único así de entreverao y con ese sistema --enrevesao-- que he visto en mi vida (y creedme, para bien o para mal, gran parte de mi vida y mis horas de ocio y trabajo las he pasado metido en estos libros de texto y referencia). Es casi imposible encontrar un dato en menos de cinco minutos. Esta mañana, por ejemplo, más por curiosidad que por necesidad, estaba buscando cómo deletrear el nombre de la capital de Burkina Faso en español, que es Ougadougo en inglés. Me costó muelas --de las que tengo una, máximo dos, que compartir-- encontrar finalmente que, según Martínez de Souza, se escribe Uagadugú. No sabía por dónde empezar mi busquéda en el manual de marras así que guiado por la lógica y confiado en el sentido común, me fui al Índice, quizás –pensé-- haya algo acerca de
Geografía de África o de capitales o qué sé yo… nada. Sólo encontré un titulito que decía Segunda parte: Diccionario de materias; Índice de materias Pág. 203. Me fui, pues, a la página 203 y encontré no un índice, válgame Dios, sino una lista enorme de materias. Una lista que empezaba en abreviaciones y pasando por todo lo creado por Dios Padre más el contenido y los seres del Arca de Noé sin otro orden ni lógica que la que nos depara el alafabeto, terminaba en zoónimos. No había números de página ni criterios de agrupación de materias por especie o fecha o color o ni nada. Sin rima ni razón como se dice en inglé (withouh rhyme nor reason) ni nada*, de modo que de puro tincazo e instinto nomá, tuve que pasar por Monjas y Música y Naves hasta llegar a Nombres, y allá, entre una tracalada de nombres finalmente encontré nombres geográficos, pero nada más: no número de página o entrada o nada, así que me fui a buscar nombres geográficos y finalmente llegué a nombres geográficos hojeando, fíjate vos, no por número de página ni nada, y allí una encontré una referencia que me dirigía a topónimos por supuesto, no número de página ni nada. De nuevo a hojear hacia topónimos y pasando por títulos, títulos de imprenta, tomos y topografía finalmente llegué a topónimos donde me entero de que, en un Cuadro t4 --nombres de sus capitales y sus gentilicios-- está Ugadugú como la capital de Burkina Faso. ¡La pemequelepé! Depués, en mi pequeño Larousse Ilustrado me tomó como quince segundos encontrar que se llama Ougadougo, lo mismo que en inglés. En situaciones como esta me entran unas ganas bárbaras de ahogar o quemar el libro de marras. No lo hago porque desde changuito tengo casi un innato e innatural respeto por los libros. Sin embargo no me negaría a darle una patada en el culo a José Martinez de Sousa. Con todo respeto, por supuesto.

Hasta mas ver
Chafallo Viralata






* Me recuerda a Borges, que en su El idioma analítico ed John Wilkes nos cuenta que:

...el doctor Franz Kuhn atribuye a cierta enciclopedia china que se titula Emporio celestial de conocimientos benévolos. En sus remotas páginas está escrito que los animales se dividen en:

a. pertenecientes al Emperador
b. embalsamados
c. amaestrados
d. lechones
e. sirenas
f. fabulosos
g.
perros sueltos
h. incluidos en esta clasificación
i. que se agitan como locos
j. innumerables
kl. dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello
l. etcétera
m. que acaban de romper el jarrón
n. que de lejos parecen moscas

(Chafa, mayo de 2006 en La taberna del Buda).