___________________________________________________________ Canal CONCIERTOS Irene Fernández

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miércoles, 16 de julio de 2008

A los bosques yo me interno (CHAFA)


Este bailecito es de la autoría de mi tío Alberto Ruiz Lavadenz. En serio, no les miento.

Ahí va en su memoria:




¿En serio ese es el nombre del autor y en serio es tu tío? Pues yo en mi repertorio lo tengo como "Anónimo".


Pues sí, Mirene, éste y otros más. Si mal no recuerdo, «Quisiera un puñal» también. Alberto, un bohemio, era primo hermano de mi 'apá.

Zóbez señora, zóbez a tódoz.

A LOS BOSQUES
(Letra y música de Alberto Ruiz Lavadenz, Bolivia)

A los bosques yo me interno
a echar mis penas llorando,
y los bosques me contestan
lo que has hecho estás pagando,
y los bosques me contestan
lo que has hecho estás pagando.

Ay como quieres que tan pronto
olvide el mal que me has hecho,
de rato en rato me toco el pecho
la herida me duele más y más,
de rato en rato me toco el pecho
la herida me duele más y más.

En la distancia te quiero más,
en la distancia te adoro más,
perdonaría cualquier ofensa,
pero olvidarte jamás, jamás.


MI TÍA CAROLA Y EL ESCRIBIDOR (CHAFA)

«Una actriz que nació en el Territorio de Colonias»
Entre los pandinos ilustres hay que citar a Carola Cobo, nacida en 1909 en el Terriorio Nacional de Colonias que sólo en 1938 se llamó Pando. Esta actriz de teatro, bailarina y cantante dejó su hogar para seguir a su esposo, el compositor Alberto Ruiz Lavadenz, a La Paz. Aquí se quedó e hizo su carrera que tuvo momentosde gloria. (El Diario-La Paz)

Mi tía Carola, casada con mi tío Alberto, era una bohemia y un miembro casi permanente del elenco de la compañía de teatro de Raúl Salmón (célebre por ser el modelo para el "escribidor" de Vargas Llosa) (q.v.).


De vez en cuando, más o menos una vez al año, mi tía llegaba a mi valle con la compañía en «gira artística» y entraba a la casa como una tromba marina que olía a polvos faciales, con ondulantes trajes de colores de escotes desorbitados, y una risa cálida y roja de tabaco y lapiz labial o "rouge" que le decían en esos tiempos. ¡Qué cosas, che!


LA TÍA JULIA Y EL ESCRIBIDOR

Es, ante todo, un libro divertidísimo, fuertemente autobiográfico pero al mismo tiempo imaginativo hasta la carcajada. El personaje central, "Marito" o "Varguitas", un joven "medio intelectual" con problemas familiares, se educa para ser hombre y escritor en la Lima neblinosa y casi inocente de los años cincuenta. ... en La tía Julia... entronca con los grandes clásicos de la picaresca y de la sátira al aprender a tomárselo a sí mismo. Pero, como suele ocurrir en las grandes comedias, detrás de la insigne y finalmente enloquecida huachafería del escribidor Pedro Camacho --autor de radioteatros y personaje clave en la novela-- se evidencia una reflexiva indagación sobre la literatura, sus parámetros, su obsesividad y su sentido. Mientras el delirante escribidor va desordenando el mundo, el joven Varguitas, envuelto en un apasionado romance, intenta ordenar el suyo [...]. (PEISA)


[...] Es la historia de los tiempos más difíciles en la vida de Mario, y éste se nos muestra a menudo como una persona difícil en lo personal en desmedro de su vocación. Sin embargo, Julia tampoco se nos revela como una mártir. Además, contiene declaraciones del "verdadero" Pedro Camacho, Raúl Salmón, quien alguna vez declaró "Vargas Llosa trabajaba en Radio Central o Panamericana, no recuerdo bien. Pero creo que éramos buenos amigos ." (Caretas 529).

Raúl Salmón, en los años 70. Entonces era alcalde de una ciudad en Bolivia. FOTO: Caretas.

(Chafa, 22 de abril de 2008)

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domingo, 2 de marzo de 2008

Besar la voz (IRENE)


Catamarca, tal vez años 70.

Cuatro hombres, tres guitarras, un bombo. Ropaje blanco y poncho sangre güemeña con franjas de luto.

Podría ponerle a Polo Román ropa de trabajo, un cinto de herramientas, y verlo casi al final de una escalera que se apoya en una fachada, mientras arregla conexiones en una caja de teléfonos. El tímido Ernesto Cabeza, aprendiz de escribiente, podría trabajar por unas horas a la semana en el Juzgado de 1ª Instancia e Instrucción de Guadix. Espigado, Pancho Figueroa, podría ser el maestro de un pueblo perdido en Jaén. Y Juan Carlos Saravia el patrón de un próspero establecimiento de electrodomésticos cuando empezaban a venderse por camiones los televisores a color y se instalaban antenas en los más insospechados tejados de las encaladas casas de los 37 pueblos que circundan el mío.

Así puedo verlos perfectamente, si les cambio las ropas. Pero están en medio de esa tierra seca, como veleros que surcaran los cerros. Madera de encordadas para flotar en la tierra, y velas de ropa blanca y roja para navegar.

Entonces cantan:

Cantá, changuito, cantá
con todita tu alma, con toda tu voz;
que el viento cumbreño se lleve mis coplas,
que sepa tu tierra que tiene un cantor;
que se vuelva zamba toda Catamarca
en cada latido de tu corazón.


Y salen uno a uno, como os los mando por aquí. Y cuando aparece Juan Carlos Saravia ("que el viento cumbreño se lleve mis coplas, / que sepa tu tierra que tiene un cantor"), con esa sonrisa plegada bajo los ojos y esa cara de comerciante... Yo... no sé... quiero besarle la voz, un timbre que no sé definir, tal vez porque es la voz de un hombre normal, como si el de Electrodomésticos Tauste se emponchara una zamba y de pronto así pudiera expresar --y a mí me llegara-- toda Catamarca, que tiene un cantor, y fuera capaz de estremecerme y de mostrarme un pueblo de carros destartalados, de hombres hechos de barro y tierra. Sería un hombre normal, insospechado, aparentemente nada virtuoso, con su papada de comerciante... Pero esa voz... Dios mío, esa voz... No es profunda, no es aguda, no es espectacular. ¿Qué pasa con esos hombres de timbres que no destacan y, sin embargo, cuando les sale el canto de sus caras
normales, bajo sus ojos diarios, comunes, llegan hasta los confines de mi paisaje interior? Me da el ansia de besarle la voz a Saravia. Que sepa tu tierra que tiene un cantor, pero que sepa su voz que tiene mi amor. Quizá porque en el beso podría pintarme con su timbre y hacerlo mío, apropiármelo, robarlo por un instante. Puede que lo notara tibio, si es que un sonido tiene temperatura o cualquier otra propiedad tangible. Siento un inquieto solaz. Una alegría de llanto.

Una placidez ansiosa. Quiero besar. (Irene, 14 de enero de 2006, en "La taberna del Buda").